Francisco I Vs. Carlos I. La batalla final

     No solo la figura de francisco I de Francia es admirable como personaje. Su vida y sus obras, adalides del afrancesamiento más radical, son dignas de ser revisadas. Por que a Francisco I le tocó vivir en una época sumamente prolífica de bizarros personajes dignos de admiración. Concretamente me gustaría tratar a la extraña pareja del Renacimiento compuesta por el mentado y admirado François y… Carlos I de España, César, Emperador e ilustre componente de esa familia que tan poco gusta por estos lares afrancesados: los Austria.

                Franciasco      

         Francisco I. Viéndolas venir

          Y es que Francisco y Carlos fueron  unos Jack Lemmon y Walter Mattau del Renacimiento. Ambos, poseedores de excepcionales rasgos físicos que les distinguen por encima de la Plebe: Francisco I fue conocido como “el rey narizón” –ya comprenderán por qué le adoro-; y por el contrario Carlos I destacó por su pronunciado mentón como marca de fábrica Habsburgo. Cosa exagerada. Cuenta un célebre cronista de la época, que no tenía sarro en los dientes inferiores, porque se los cepillaba con el bigote. Y es que algo tenían en común, de perfil, su rostro sobresalía a la misma altura. Uno por su apéndice nasal y el otro por su prominente barbilla.

familia

La familia de Carlos V. Belleza imperial 

         Pero centrémonos por un momento en Francisco I, que a Carlos ya nos lo sabemos del colegio. Hijo de Carlos de Valois, conde de Angulema, y de Luisa de Saboya, nació en 1494. Su juventud transcurrió en el castillo de Amboise donde se dedicaba a la práctica de todo tipo de deportes: equitación, caza… además de recibir una cuidada educación que pronto despertó su interés por las artes. Disfrutaba especialmente leyendo libros de caballería e incluso se arrancó en la composición de algunos poemas. Aquí les adjunto el fragmento de uno de ellos para que adviertan su incipiente sensibilidad:

¿Eres tú, la que asoma desde la otra orilla?

¿Es posible que me observes con esa cara de abubilla?

El río será partícipe de nuestro secreto,

De este amor que es más que escueto.

 

Hasta el hades descendería en procesión

Tan solo para suplicarte perdón

Y arrancar de tu alma el permiso

Para demostrar mi amor y ponerte un piso.

          Contrajo matrimonio con la princesa Claudia, hija del rey francés Luis XII y de Ana de Bretaña, el 18 mayo 1514, y al año siguiente, fue coronado rey de Francia cuando contaba 21 años de edad. El joven soberano, sediento de glorias bélicas, decidió continuar lo que su antecesor comenzó en Italia. No sé si se habrán dado cuenta que todas las alianzas y guerras habidas a lo largo de la historia en Europa, se deben al deseo de poseer ciertos territorios de moda. No siempre son los mismos. Y aunque la mayoría de las veces se trata de Polonia, en este caso la atención se centraba en Italia. Así que las oposiciones no tardaron en llegar. Unos por desear también el dominio de estos territorios y otros simplemente por fastidiar, ya que la península le quedaba lejos. El caso es que se opusieron con todas sus fuerzas Enrique VIII de Inglaterra, el emperador Maximiliano I de Austria, el papa León X – Papa chaquetero donde los haya, que tuvo que pasar el mal trago de asistir al alzamiento de Lutero y sus herejías-  y el archiduque de Flandes, futuro Carlos I de España. A pesar de ello, Francisco I no se amedrentó y enseguida se presentó en el norte de Italia. Tras una batalla de dos días contra los soldados suizos, Milán cayó en manos de Francisco I y, como consecuencia, la Liga formada contra él se vino abajo. Al papa se le puso la mitra de corbata y el Espíritu Santo le aconsejó cambiar de bando. Firmó en Bolonia, en 1516, un concordato con el francés, en virtud del cual le concedía el privilegio de nombrar los obispos en su país.              

         leon X

         León X. ¿Y hoy con quién me alío?

          En 1519, en un alarde de optimismo, presentó su candidatura al trono imperial, vacante por la muerte de Maximiliano. Sus posibilidades para la elección eran bastante dignas de tener en cuenta, ya que además de poseer dinero para sobornar a los electores, estaba laureado por sus recientes éxitos en Italia. Este tema fue una cosa comparable a la que ocurre hoy en día en Eurovisión, para poner un ejemplo cercano a todos. Desde el punto de vista de cada uno de los países, su candidato tiene clarísimas posibilidades de ganar el concurso –siempre que optes por desechar la manida baladita, pongas unos ritmos tecno de base y cantes en inglés-, pero contaba con la oposición popular y, sobre todo, con la de los banqueros germanos que se negaban a avalar sus recibos. Esto se traduce en que fronterizamente hablando, la Espagne te va a dar cero puntos (sejó puá), y la Belgique aún no existe como estado. Con los diez puntos de Malta (dí puá) no hacemos nada. De modo que no consiguió sus propósitos. Así que por extraño que parezca hoy en día debido al currículum eurovisivo de los últimos años, el gato al agua se lo llevó España, con Carlos de Gante y su tema “Paremos al gabacho”. Y es que entre los Países Bajos y Alemania, que en esta época eran cien mil estados, llegamos a puntuaciones desorbitadas. Y es aquí donde comienza una rivalidad comparable a la de Britney Spears y Cristina Aguilera, siendo el papa el que les de el besito en los morros en la gala de los MTV. Los dos trataron de ganarse el favor inglés con la bendición de Elton John – Enrique VIII en este caso-, pero fue de nuevo Carlos I el que se alzó con la victoria.

enrique

         Enrique VIII reencarnado en Elton John

          Así que sin más rodeos, el francés decide plantarle cara al español/alemán/holandés/belga (lo que fuera Carlos I) pero las cosas le salieron bastante mal. En efecto, en noviembre de 1521 perdió Milán, Parma y Piacenza; en 1522 su general Lautrec fue derrotado en la batalla de Bicocca, tras la cual tuvieron que evacuar el Milanesado y Génova. Preso de una valentía y decisión sin límites, el propio rey, que había conseguido recuperar Milán, decidió atacar Pavía, donde los suizos que tenía a sueldo le abandonaron, así que fue derrotado por los imperiales ¡siendo incluso hecho prisionero!Le llevaron a Madrid y le instalaron primero en la Torre de los Lujanes y, más tarde, en el Alcázar, donde permaneció hasta el 14 de enero de 1526 y donde se firmó el tratado de Madrid. Con esto, muy compungido, el valeroso monarca tuvo que aceptar las excesivas exigencias de Carlos I. Y es que tuvo que comprometerse a renunciar a todas sus aspiraciones sobre Italia; reconocer los derechos de Carlos en Borgoña; cederle Tournay; y por último, tuvo que prometerse en matrimonio con Leonor de Austria, hermana de Carlos V, que como buena Habsburgo, se pueden imaginar el regalito que era. ¡Qué falta de seriedad! Seguro que el Emperador, desesperado por no casar al callo de su hermana -ya viuda y entradita en años- ni ofreciendo el oro y el moro, decide imponérsela al apuesto y narizón prisionero a cambio de su libertad. Mejor hubiese hecho quedándose en el Alcázar tranquilito.

       leonor

         Leonor de Austria. Deseablemente Absburgo.

          Eso sí, según firmó, si te he visto no me acuerdo, y con ganas de más, volvió a cargar contra Carlos. Pero esta vez se hizo un equipo galáctico. Nada menos que el papa Clemente VII, Enrique VIII de Inglaterra, las ciudades italianas de Milán, Florencia y Venecia . Y aunque esta vez llevaba las de ganar, de nuevo perdió sus posibilidades por una traición. Y es que el marino genovés Andrea Doria, que controlaba el mar e impedía todo auxilio español, se puso al servicio del Emperador. La guerra se hacía larga así que firmaron la paz en 1529.     

        clemente

         Clemente VII. El papa que hacía levitar cabezas

          Pero no todo son sinsabores en esta relación. Francisco finalmente se casó con Leonor de Austria – el callo malayo- y encontró algo que tenía en común con el emperador fuera de sus peculiaridades físicas: el odio al turco infiel, contra el que se unieron en amor y compañía.  Pero otra vez tenía que surgir el problema italiano. El caso es que se murió un tal Francisco Sforza, duque de Milán y François quería poner a un colega en su lugar, Carlos dijo que ni hablar, iniciaron otra guerra y así hasta que se cansaron y firmaron una tregua de diez años.

         Evidentemente no duró tamaña cifra. A fines de 1541, se reanudaron de nuevo las hostilidades por el asesinato de dos agentes franceses por parte de los españoles. Como coincidió con un batacazo en Argel que se dio Carlos I, Francisco hizo una nueva coalición, pero esta de lo más colorista y pintoresca: con el sultán de Turquía, el duque de Cléves y los reyes de Dinamarca y Suecia. Cuando estaba atacando el Rosellón, fue detenido ante Perpignan por el duque de Alba, que daba aún más miedo que su actual descendiente. Menos mal que los turcos llegaron a Viena. Pero le abandonó el duque de Cléves y Cristián III de Dinamarca. A la vez que Carlos convencía a Elton John de que invadiese Francia.

    alba

        El Duque de Alba deseandote todo el mal del mundo

          Francisco ganó alguna batallita en Italia, pero mientras, Enrique VIII estaba ya en Boulogne a la vez que Carlos V marchaba hacia París. Al final hicieron las paces pactando que cada uno devolviese lo que había conquistado. Si es que lo que le gustaba a estos es el hecho de pelearse, no poseer el puñetero milanesado. Eso sí, Enrique VIII dijo que pasaba de devolver Boulogne, y Francisco I se lo cambió por un plan de pensiones.

          Ya cansado de tanta batalla y tanta tontería, decidió retirarse a  Rambouillet en 1547, para gastarse el dinero de las arcas francesas en una lujosa vida llena de derroches y despotismo, mientras observaba la pobreza de su pueblo. Como debe ser.

Anuncios

4 comentarios

  1. ¡Casi exploto de emoción con el poema de Paquito! ¡Que rimas más certeras, cercanas, sublimes! ¡Que demostración de sensibilidad, de buen hacer, de ingenio! Fifí, para mi cumple sus obras completas, edición trilingüe (español/francés/gilipollas).

    Los rifirrafes de los monarcas que nos ocupan evidencían con una claridad cristalina el principio por el que las identidades (tanto personales como sociales, aunque sobre todo las segundas) se construyen (y sobre todo refuerzan) en oposición a otros. En terrenos políticos, este principio es “casus beli” (gracias por el término, Beckelar) de casi todas las guerras, aunque su función es básicamente propagandística (encubriendo la fundamental motivación económica). Vamos, que los alemanes en la Primera Guerra Mundial habían sido muy malos y violentos con los franceses, y por eso se quedan con Alsacia y Lorena, la cuenca del Rur y sus piscinas de pollas, porque ellos lo valen.

    Besitos de vuestro Cuervo Blanco, pasando una tarde de bien merecida soledad.

    17 abril 19:39

  2. Hay que fastidiarse, esas rimas de canción de autobús que componía el Francisco I este. Por cierto, que me sé de un blogero que debe estar contento con este artículo. La verdad es que con el principio este en plan de las glorias y alabanzas de Francisco I, cualquiera se esperaría que este artículo se dedicara más exclusivamente a tratar sus felonías, que fueron muchas.

    En una época todavía muy medieval, pendiente del honor y caballerosidad de sus dirigentes -a Maximiliano I se le llama “el último de los caballeros”, pero a su nieto Carlos no se le olvidaba repasarse el código de caballería de vez en cuando- este rey que nos ocupa fué de los primeros gobernantes que mandó a freír morcillas cualquiera de estos conceptos y se dedicó a perder su imagen por momentos como un Berlusconi cualquiera, faltando a su palabra, saliendo pitando ante un par de invitaciones a duelos -o proponiéndolos él cuando sus rivales, con el código en la mano, no los podían aceptar… pero bueno, la verdad es que este tema es espinosete y he leído cada versión, que no yo-, y firmando todo lo que le daban, puesto que luego no iba a cumplir nada…

    Ahora que lo pienso, este hombre es uno de los iniciadores de nuestra era… ¿Estaría ya pasando de la política, como nuestros actuales gobernantes, al faltar a tanta tradición y expectativa?

    Eso sí, se llevó a Leonardo a Francia como pintor, lo cual era un avance, pues mucho pintor era ese para que sólo le contrataran italianos locos para hacerles la ingeniería de las fortalezas…
    18 abril 23:29

  3. Mademoiselle, me inclino ante vuestra excelsa, pomposa y ornata figura, asombrado como estoy ante tanta sabiduria. He leido embelesado algunos de esos dardos envenenados que solo vos sabeis lanzar, y sigo admirado -y lo seguiré durante siglos.
    He descubierto con una estrella en el virtual firmamento.
    No me despido con un adios, sino con un hasta otra, a sabiendas de que volveré a que me hipnoticeis con vuestra pluma rumbosa.
    13 junio 15:06

  4. Una historia emocionante… sob
    se me caen unas lagrimas tamaño la gilipollez de los reyes…
    Que gran tio el francisco I a mi siempre me gusto pero si te puedo aconsejar algo hecha un vistazo a sus predecesores, la historia de enrique IV de francia y nuestro querido rey felipe II es mucho mas emocionante y pintoresca imaginate un Rey-hereje-libertino y el protector de la fe apostolica y romana peleando los dos por Flandes, Italia, polonia y todos esos encantadores sitios que nombras y eso durante mas tiempo y con poemas iguales de interesantes…


Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s